2007-10-29

Traición a la patria

Por Rómulo López Sabando


Publicado originalmente en Diario Expreso


Patria, viene del latín "patris", familia o clan, pater, padre. Es la tierra natal. Nos vincula por cultura, valores y afectos.
Patria es tierra sagrada, es historia, es vida presente y aspiraciones de país y pueblo. Une el nacimiento con la sangre de nuestros ancestros e hijos.
Es lo más preciado y de mayor valor para el humano. La patria no se puede ver, tocar ni cambiar. Es incorpórea, imperceptible, inmaterial, invisible, espiritual, etérea, sutil, Por ello se expresa mediante sus "símbolos", que son sagrados. Los símbolos de la patria son la Bandera, el Escudo y el Himno. Les debemos respeto, veneración y sumisión. Irrespetarlos es el más grave delito.

Los símbolos de la patria sustentan a la nación, (donde nacimos), que nos ubica en el mundo. La nacionalidad nos identifica. Es como el nombre y apellidos.
El que carece de nacionalidad es un apátrida, es decir carente de patria. No tiene madre ni padre. Es un hijo de nadie. En el ámbito jurídico-político, la nación es el sujeto político en el que reside la soberanía que constituye al Estado. La cultura de la nación identifica la patria con sentido ético-político. La patria es el soporte del Estado, del país, del territorio y habitantes de ellos.

El patriotismo es el amor a los símbolos patrios. Simbolizan las glorias y heroísmos de nuestros antepasados.
Los símbolos patrios están por encima de la República y de la democracia. Son superiores. El Escudo, la Bandera y el Himno son imagen y representación de la patria. Los derechos y los intereses (personales y provincianos) de los ciudadanos, al igual que sus negocios, conveniencias políticas y afanes económicos se subordinan a la patria y a sus símbolos sagrados.

La bandera azul y blanco liberó a la patria. Parió a Ecuador. Le dio identidad. Rigió desde 1820 y fue enarbolada en 1830 para fundar la República del Ecuador. En 1860 García Moreno la cambió por la bandera amarillo, azul y rojo que Eloy Alfaro reiteró el 7 de noviembre de 1900, al sancionar el decreto legislativo del 31 de octubre.

El repudiable y execrable ultraje que, contra la bandera azul y blanco, madre de la patria, irrogaron energúmenos, falsos ecuatorianos, bestias, salvajes, frenéticos, endemoniados, poseídos, sicópatas, es un acto de alevosa traición a la patria. Es deslealtad, perfidia, infidelidad, ingratitud. Es cobardía, canallada, villanía.

Llevaron la bandera para insultarla y cometer el crimen. Se aseguraron que, agazapados en las turbas, en anonimato, no serían identificados y, cual jauría enfurecida, perpetraron el más terrible delito patrio. Pero, gracias a la prensa y a la TV, se conoció la saña, premeditación y en pandilla con que, deliberadamente, ultrajaron a la patria. Fue un asesinato atroz, con premeditación y alevosía, agravante de la responsabilidad penal. Infamia.

"Son of a bitch", se dice en inglés a estos energúmenos de tan baja calaña. Su ralea amerita no sólo la sanción del Código Penal sino un juicio de traición a la patria, castigado con cadena perpetua. Los que vejaron a la patria, no merecen mantener la nacionalidad. Es la mayor ofensa, ultraje, injuria, insulto, de que se tenga memoria.

Después de semejante agravio, ¿cabe seguir cantando?: "Patria, tierra sagrada de honor y de hidalguía, que fecundó la sangre y engrandeció el dolor. ¡Cómo me enorgullece poder llamarte mía, mía, como mi madre, con infinito amor! Por tus cruentos martirios y tus dolientes horas, por tus épicas luchas y tu aureola triunfal, por tus noches sombrías y tus bellas auroras, cúbrenos siempre ¡oh patria! con tu iris (bandera) inmortal".

2007-10-23

Marco Dávalos

Por Rómulo López Sabando


Publicado originalmente en Diario Expreso


Hace 17 años, cuando llegué al Congreso Nacional como diputado por mi provincia Guayas, y recorría los pasillos del edificio, me saludó un joven amable con quien, tiempo atrás, en mi época de presidente de los industriales de Ecuador, no sólo me entrevistaba para la TV sino que departíamos sobre temas de política, de economía y, sobre todo, de alternativas de bienestar para el país.

Nacido en Riobamba y, no obstante su juventud, conocía el Ecuador, con particular precisión. Me llamó la atención su don de gentes, simpatía y, sobre todo, su singular talento político. Le pregunté si quería ser mi asistente en el Congreso. Por el brillo de sus ojos, antes de que me respondiera, ordené a mi secretaria dirija atento oficio al Presidente del Congreso, comunicándole que lo estaba nombrando mi asesor parlamentario.

Así inicié con este, en esa época joven aun, una amistad de aquellas que se mantienen en el tiempo por su lealtad, integridad, y sobre todo su honestidad.
Fue un colaborador eficiente, oportuno, sagaz y, sobre todo, hábil para manejar y mantener relaciones con los más diversos caracteres y tendencias políticas y partidistas.
Juntos vivimos las anécdotas "parlamentarias" del cenicerazo de Villamagua a Dahik, de la pateadura de Valle y Bucaram a Álvarez y Mahuad, así como el enfrentamiento de Nebot con los 8 socialistas que, congelados, con la sonrisa "de hiena" de Bonilla, no se atrevían a salir de sus curules, pues Nebot los castigaría por las injurias que minutos antes Granda había lanzado contra su padre.
Son historia en la vida política del Ecuador.

Al concluir mi labor como diputado, pese a que era un día "festivo", me ayudó a realizar las honras fúnebres al diputado Galo Vela, fallecido la noche anterior.
Tomé decisiones, ad referéndum del Presidente del Congreso, Fabián Alarcón, y cambié el escenario de la sesión inaugural del nuevo Congreso por la capilla ardiente que Galo se merecía.

Mi amigo querido Marco (Polo) Dávalos Merino fue un artífice para el éxito del Primer Seminario sobre modernización de la sociedad y el Estado. Me acompañó cuando el Congreso Nacional aprobó el proyecto de mi autoría de la "Semana de los Símbolos Patrios". (Que ya nadie se acuerda). La Ley de "Enseñanza obligatoria de Urbanidad Moral y Cívica", que en su momento produjo júbilo y hasta fui condecorado. (Que tampoco se cumple). Igual cuando después de tenso batallar con el diputado Patricio Romero, con la ayuda del presidente del Congreso, Fabián Alarcón logré llevar a sesionar en Machala al Parlamento, para lamentar 50 años del Protocolo de Río.
Siempre estuvo a mi lado con su talento, lealtad y sentido de oportunidad.

Años después, sin habérselo pedido y sólo porque se enteró que yo casi vivía en Quito, fue un formidable puntal de asistencia y contactos para que mi personal proyecto de crear una Universidad lograra que el Conuep apruebe el proyecto académico por mí elaborado.

Y su experiencia legislativa me fue sumamente útil para lograr mi propósito de crear la Universidad. Y puedo decir que con su ayuda pude hacerlo.
Es un profesional en ganadería y agricultura. Pero quiso ser abogado.
Tuve el privilegio de ser su asesor y acompañarlo no solo en su tesis sino en su exitoso logro de un diplomado superior.

Son tantas las anécdotas que recuerdo sobre este amigo querido, ejemplo inestimable de gran lealtad, que ahora que su vida está en las manos de Dios y la incertidumbre de la ciencia, ante un sorpresivo y terrible cáncer devastador, siento que los ojos se me humedecen de pena, nostalgia y cariño por temor de que el amigo se va. Y rezo por su recuperación.

2007-10-20

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The You tube Song.