2007-11-27

El líder liberal

Por Rómulo López Sabando


Publicado originalmente en El Expreso de Guayaquil


De corta estatura y penetrante mirada, era el “Viejo luchador”, por sus imparables batallas contra gobiernos déspotas de García Moreno, Antonio Borrero, Ignacio de Veintemilla y J. M. Plácido Caamaño. Pero por sus fracasos militares, sus adversarios le decían el “general de las derrotas”.


Murió de 69 años de edad. (25/junio/1842-28/enero 1912). Ante el pago fraudulento de la deuda inglesa; entrega de tierras a acreedores extranjeros en Esmeraldas y Oriente; “La venta de la Bandera” con el buque Esmeraldas, las “montoneras de Eloy Alfaro” crecieron con Manuel Serrano y Wenceslao Ugarte en El Oro; Plutarco Bowen en Los Ríos; Mauro Ramos Iduarte, Dionisio Andrade, los hermanos Zenón y Daniel Sabando en Manabí; Carlos Concha en Esmeraldas; Pedro J. Montero, Enrique Valdez Concha y Juan Manuel Triviño en Guayas.


“Sin sacrificios no hay redención”. “La libertad no se implora de rodillas. Se conquista en los campos de batalla”.


Empresario privado, de sólida fortuna, la gastó para combatir el centralismo estatal de progresistas y conservadores e implantar la revolución y el Estado liberal de libre mercado. “Los hombres indiferentes a la desventura de la nación, aunque sean privadamente laboriosos, son los auxiliares inconscientes de las desgracias y corrupción de los pueblos”. Padre ejemplar, magnánimo, clara inteligencia, eliminó privilegios de militares y canonjías del clero. Instauró la libertad de expresión, la educación laica y gratuita, el matrimonio civil y el divorcio. Construyó numerosas escuelas públicas. Lector voraz implantó la doctrina liberal pero ante resultados electorales adversos dijo “No podemos perder con papelitos lo que hemos ganado con fusiles”.


Fue dictador para realizar cambios profundos. Elaboró la Constitución liberal que abolía la pena de muerte, consagraba la libertad de cultos y establecía la igualdad de los ciudadanos ante la Ley.


Rebelde, visionario, valeroso, de férreo carácter, “combatió en mil batallas”. Transformó el Ecuador. Levantó un monumento al liberal Juan Montalvo. Inauguró la Escuela de Artes y Oficios, el Colegio Nacional “Mejía”, la escuela de niñas en Esmeraldas y la de Bellas Artes de Quito, escuelas nocturnas, diurnas y colegios normales Manuela Cañizares y Juan Montalvo, el Bolívar de Tulcán, el Vicente Rocafuerte de Guayaquil, el “Eloy Alfaro” de Babahoyo y el Militar Eloy Alfaro. Creó la escuela de “clases”. Proveyó armamento y edificios a entes militares. Inauguró el local que ocupa, en la Recoleta, el Ministerio de Defensa. Levantó planos de nuestras fronteras.


Firmó el “Contrato Harman”, que avanzó el ferrocarril Guayaquil-Quito, hasta Colta (Chimborazo). Decidió que los restos de Sucre se veneren en la catedral Metropolitana. Mejoró la recaudación fiscal. Incorporó la mujer a la vida pública. Organizó la enseñanza universitaria.


Financió el agua potable de Quito, canalización de Guayaquil, exoneró tributos a indios de la Sierra y montubios de la Costa. Suprimió la prisión por deudas. Promovió el Derecho Público Americano. Intervino ante España por la independencia de Cuba. El pueblo se le unió frente al Perú, pero no lo respaldó en su idea de alquilar las islas Galápagos a Estados Unidos. Para impedir su retorno al poder, Eloy Alfaro fue quemado en El Ejido con Flavio y Medardo Alfaro, Luciano Coral, Ulpiano Páez y Manuel Serrano. El mercantilismo, la banca serrana antiindustrial, la violencia del clero, la impaciencia de radicales, subversión de progresistas y conservadores, la represión, ambiciones y el autoritarismo de placistas y liberales traidores, frustraron la revolución liberal.

2007-11-20

Ripley en la educación

Por Rómulo López Sabando


Publicado originalmente en El Expreso de Guayaquil y el Independent


Hace poco el presidente Correa declaró que la reforma educativa irá desde las escuelas a las universidades. No cabe duda que la crisis moral y el desorden social tienen que ver con cambios seudorrevolucionarios que se dieron en las últimas décadas.


La eliminación de materias fundamentales como Urbanidad, Moral y Cívica y Derecho Territorial (soporte del patrimonio de la patria) del pénsum de estudios (en escuelas, colegios y universidades) han devastado la moral pública y la ética ciudadana. Pese a que su enseñanza es obligatoria en la Ley que, precisamente, yo como diputado logré en 1991 que el Congreso Nacional aprobara, no se cumple.


La reforma educativa debe reiterar que, en primaria y secundaria, se vuelva al estudio de Historia y Geografía, reemplazadas por un vergonzoso y degradante popurrí denominado “ciencias sociales”, generador de ignorantes. Física, Química y Matemáticas deben regresar, tanto más que la tecnología de punta y el acceso electrónico, con navegación dinámica al ciber espacio, las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), la Internet, imponen su dominio puesto que la telecomunicación móvil, el GPS (localización por medio de 24 satélites que proveen longitud, latitud, altitud e información de tiempo y espacio) son las que ubican a la juventud en la “sociedad de la información”.


¿Es verdad que hay colegios y universidades que venden títulos?, preguntaba Jorge Vivanco. Claro que es verdad. Son centenas los estafados en educación superior. La venta de títulos profesionales, así como la oferta de estudios superiores en mercados tipo college americano, ilegales en el país, y que el Conesup no autoriza ni avala, son “big business”. Decenas de miles de dólares cobran por “la carrera”, para después pedir al Conesup se los “legalice”.


Ninguna fundación educativa, college, o academia puede ofertar estudios superiores. Peor emitir títulos profesionales o grados académicos. Los Arts. 74 de la Constitución Política, 11, 13, 13 literal l), 46, 103 y 104 y disposición general décimocuarta de la Ley de Educación Superior, en concordancia con los Arts. 31 y 47 de su reglamento general, previenen a la ciudadanía sobre ofertas de estudios superiores que no tienen la debida autorización del Conesup.


Pero la audacia sin límite de mercantilistas que presumen ser dueños de universidades, ajenas a sus delitos, usurpan sus nombres, designan a dedo seudoautoridades y rectores ficticios violando procedimientos de designación establecidos en la ley, ofertan estudios superiores, firman títulos profesionales, en inglés. Y lo más grave, sin tener cuarto nivel académico ni tercer nivel profesional ni ser bachilleres pues nunca terminaron la secundaria, es lo “corriente” en Ecuador.


El Art.104 de la Ley de Educación Superior, dice: “Los promotores o representantes de entidades o empresas que promocionen o pretendan ejecutar programas académicos de educación superior bajo la denominación de universidad, escuela politécnica o instituto superior técnico o tecnológico, sin sujetarse a los procedimientos de creación o aprobación establecidos en esta ley, serán sancionados civil y penalmente por infracción contra la fe pública y estafa, debiendo el Conesup disponer la inmediata clausura del establecimiento e iniciar “de oficio” las acciones legales ante los jueces correspondientes. Los actos y contratos que celebren no tendrán valor legal alguno”.


Pero pese a los delitos evidentes, se pretende que la víctima quede en manos del violador o pedir la derogatoria de la Ley de creación de la Universidad usurpada. Cosas de Ripley.

2007-11-12

Recuerdos de Gallegos Lara

Por Rómulo López Sabando


Publicado originalmente en Diario Expreso


Este viernes 16 de noviembre se cumplen 60 años del fallecimiento de Joaquín Gallegos Lara. Nació en Guayaquil el 9 de abril de 1909, en la calle Bolívar, ahora Víctor Manuel Rendón. Sus padres fueron Joaquín
Gallegos del Campo y su madre mi tía abuela Emma Lara Calderón de Gallegos.  Inscrito como Joaquín José Enrique de las Mercedes Gallegos Lara, nunca conoció a su padre quien, lejos de él y de su madre, falleció en Machala, cuando tenía 19 meses de nacido.


La primera vez que vi a Joaquín me impactó su figura. Sentado en una hamaca, en la buhardilla (estudio) del tercer piso de la casa-consultorio del millonario tío doctor Julián Lara Calderón, en la
esquina de las calles Manabí y Eloy Alfaro, con sus frágiles, colgantes e inútiles piernas, se mecía al ritmo de su hablar suave y persuasivo, interrumpido por sus sonoras carcajadas. Pese a mi corta edad,
disfrutaba de su singular simpatía.


Nunca entró a una escuela. Entre su madre y su tío, quien lo crió y fue su mentor, forjaron su talento. Con él, que lo financiaba, aprendió inglés, italiano, francés, alemán y ruso. Pero, por sus ideas revolucionarias, le gustaba actuar como proletario y vestir como obrero. Era auténtico. Falso y perverso aquello de que era “amargado y de familia pobre”. Era alegre, romántico, sentimental y a veces melancólico. No tuvo hijos.


José de la Cuadra lo llamó “El suscitador”. Sólo tenía 13 años de edad cuando se produjo la matanza del 15 de noviembre. No obstante, sin ser testigo, hizo de su novela “Las cruces sobre el agua” (1946) dramática
denuncia política.


El tío Julián, su mecenas, fue el primer estudiante del Colegio Nacional “Vicente Rocafuerte” para quien se creó el Gran Premio de Honor, en 1901, en placa de bronce. Y, como principal accionista del Banco La Previsora, financiaba a su compadre Víctor Emilio Estrada S.


Su madre, Emma Lara Calderón, fue bisnieta de la dama cuencana Tomasa María Mercedes Malo de la Peña (1776-1792) y del coronel Francisco García-Calderón Díaz, (1768-1812), prócer que dirigió los ejércitos
patriotas, fusilado por Aymerich en Ibarra el 3 de diciembre. Nieta del primogénito Joaquín Calderón Malo (n.1790), hermano paterno de Abdón Calderón (n.1804) y de Baltasara Calderón Garaycoa de Rocafuerte
(n.1806).


Me fascinaba platicar con Joaquín. Y más, cuando declamaba versos y, paternalmente, me daba consejos. Fui testigo de sus reuniones cálidas con dos íntimos amigos: mi padre Pío López Lara (su primo hermano) y el licenciado Pedro Saad Niyaim, quien decía que Joaquín era su inspiración, maestro y conductor político. Curiosamente a la amistad que los unía, habían nacido en tres meses sucesivos. Joaquín el 9 de
abril, don Pedro el 19 de mayo y mi padre el 6 de junio.


Le gustaba oír los versos de José de Espronceda (1808-1842) y, de manera especial, “La Casada Infiel” de Federico García Lorca (1898-1936), y “Poema 20” de Pablo Neruda, (1904-1973) que mi padre recitaba.


Escuchándolos conocí a Rubén Darío, a José Joaquín de Olmedo y a Medardo Ángel Silva. Me tomaba como lección “El alfabeto para un niño” que debía yo recitarlo de memoria, igual como yo lo hacía con mi padre y mi abuelo Rómulo. Mi profesor José Joaquín Pino de Ycaza, al conocer que era su sobrino,
me mandaba deberes y lecciones sólo sobre Joaquín.


Años después, cuando visitaba al tío Julián, me encontré con Walter Calderón Lara, primo doble, quien bajaba las escaleras con una acuarela que Joaquín pintó a los 16 años de edad. Y como su intención era
vendérsela a Filián, se la compré. Es muy bella y la guardo entre mis tesoros personales. Es la única.