Siempre me llamó la atención que en la generación de mi hermano los amigos de el eran los que tenían apodos más llamativos. Los Mellocos (un par de gemelos); Huevo (ni idea porque) Lepra (este ha de haber estado lleno de granos y feo pero nunca supe); Perlita (mi hermano); Rama Seca (flaco esquelético con un color de piel cetrino y el pelo claro tierra)
En mi generación de amigos; Cura cabezón (muy juicioso y crítico con todo el mundo y una época andaba con la cabeza rapada); Lengua de Limón (habla mucho y es agrio); Cabezón (yours truly); Hominus Albañilis (un pana que dizque era aniñado pero tenia cuerpo y facha de albañil); Fredy Krueguer (una amiga que tenía los dientes igualitos a los de tal infame personaje); El abuelo (un amigo algo veterano -8 o 10 años más- en el grupo); El chagra (un amigo de guayaquil, que aunque no era serrano hablaba como serrano por herencia del padre); El conde (este era igualito al conde contare de plaza sésamo).
En guatemala ocurre similar cosa; El pelos (este con una exagerada vellosidad en el cuerpo, era tan famoso que muchos se habían olvidado del verdadero nombre y solo lo conocían así); Chanok (otro de Guatemala que parecía una caricatura de allá)
Esos son los memorables, pero habían más dado que todos tenían un apodo. Esto a propósito de un correo electrónico que me envio un familiar reproduciendo un artículo sobre apodos que salió en el Diario el Universo de Guayaquil y que reproduzco a continuación:


Recent Comments